ALEKHINE Y SU TALISMÁN PELUDO: EL GATO QUE ACOMPAÑÓ AL CAMPEÓN MUNDIAL
31 de agosto de 2026 · FM Faiber Lotero · Historia
La leyenda popular sitúa el origen de todo en la Olimpiada Mundial de Varsovia en mil novecientos treinta y cinco, donde se dice que Alekhine llevó por primera vez a su mascota. Según los relatos de la época, el gato se extravió al llegar y el campeón se negó rotundamente a jugar hasta que la policía la recuperara. Lo cierto es que Alekhine representó a Francia en ese torneo con un desempeño impecable de siete victorias y diez empates, y aunque la presencia física del animal en la sala de juego no quedó registrada oficialmente en las actas del torneo, el mito caló hondo en la memoria de los aficionados.

Artículo publicado en octubre de 2025 Alexander Alekhine, cuarto campeón mundial de ajedrez, no solo fue una mente brillante sobre el tablero. También fue un hombre de rituales, afectos profundos y una personalidad compleja. Entre sus vínculos más curiosos destaca su relación con los felinos siameses que lo acompañaron durante los años más gloriosos de su carrera. Esta fascinante historia forma parte del folclore ajedrecístico, suspendida siempre en una delicada línea entre el mito popular y la realidad documentada.
La leyenda popular sitúa el origen de todo en la Olimpiada Mundial de Varsovia en mil novecientos treinta y cinco, donde se dice que Alekhine llevó por primera vez a su mascota. Según los relatos de la época, el gato se extravió al llegar y el campeón se negó rotundamente a jugar hasta que la policía la recuperara. Lo cierto es que Alekhine representó a Francia en ese torneo con un desempeño impecable de siete victorias y diez empates, y aunque la presencia física del animal en la sala de juego no quedó registrada oficialmente en las actas del torneo, el mito caló hondo en la memoria de los aficionados.
Los datos biográficos confirman que la devoción por los siameses comenzó tras su matrimonio en mil novecientos treinta y cuatro con Grace Wishart, una artista y ajedrecista que poseía una colección de gatos con pedigrí en su castillo de Normandía. El matrimonio viajaba a todas partes con sus mascotas, y los archivos fotográficos revelan que la familia tenía dos siameses principales, siendo el famoso gato bautizada cariñosamente como Chess la que se convirtió en su inseparable compañera de viaje.
A partir de ese periodo, los relatos aseguran que el gato lo acompañaba a cada evento de relevancia, sentada plácidamente en el regazo de Grace o de algún asistente en la primera fila. Alekhine solía acercarse a la felina para acariciarla antes de que comenzara cada ronda. Este gesto se convirtió en parte de su preparación emocional, un ritual sagrado de concentración que desconcertaba por completo a sus oponentes.
De estos viajes nació otra célebre anécdota fronteriza, a menudo ubicada en los límites de Polonia o Hungría. Se cuenta que el campeón olvidó sus documentos oficiales y declaró con altivez ante los guardias de aduana que siendo Alexander Alekhine y viajando con su gato Chess no requería de ninguna otra identificación para cruzar. Si bien la escena ha sido magnificada por la literatura ajedrecística, ilustra a la perfección el carácter excéntrico y la enorme fama que precedía al matrimonio en la Europa de los años treinta.
El impacto psicológico de la felina en el circuito profesional era innegable y rivales de la talla de Géza Maróczy confesaron abiertamente sentirse intimidados por el misticismo que rodeaba al campeón. También se rumoreó con insistencia que Alekhine utilizó a su mascota como una herramienta de distracción táctica en la revancha contra Max Euwe en mil novecientos treinta y siete, aprovechando una supuesta alergia del jugador holandés. No obstante, los biógrafos oficiales desmienten la alergia de Euwe, quien años más tarde declaró con elegancia que aquellas aparentes provocaciones lejos de molestarlo le infundían ánimos para jugar.
Durante aquel encuentro de mil novecientos treinta y siete, Alekhine apareció en varias partidas vistiendo un chaleco con un gato bordada en el pecho y permitía que su siamesa olfateara el tablero antes del primer movimiento. El genio ruso ganó el encuentro con un contundente marcador y recuperó la corona mundial, consolidando la creencia popular de que el animal era su talismán de la buena suerte. La presencia constante del gato en el entorno del campeón fue comentada y recordada en las memorias de grandes maestros como Salo Flohr, Paul Keres y Mikhail Botvinnik. Alekhine nunca jugaba en absoluta soledad, sino amparado por una complicidad silenciosa que humanizó para siempre la figura del campeón más indomable de la historia.