ISOLINA MAJUL: EL AJEDREZ ES EL AMOR DE MI VIDA
26 de septiembre de 2026 · Isauro Bustos Acosta · Historia
La primera vez que vi a Isolina Majul fue en 1986. Por ese entonces yo era estudiante de ingeniería y por las tardes, luego de clases, me iba de espectador al Club de Ajedrez las Vegas, en el centro de Bogotá, donde se jugaba el Campeonato Nacional Femenino. Isolina tenía apenas 13 años, pero ya tenía un título nacional en su haber. Me llamó la atención su concentración, su mirada fija dirigida hacia el tablero y un marcado aire de ensimismamiento y timidez. Años después, descubro esa misma serena presencia en su mirada, ese mismo aire de concentración y el mismo tono de timidez y seriedad que la ha caracterizado desde niña.

Artículo publicado en la revista Peón Ladino de la Federación Colombiana de Ajedrez. Edición N° 11 de 2024 Somos lo que hacemos reiteradamente. La excelencia, por tanto, no es un acto, sino un hábito. Aristóteles La voluntad de ganar no es tan importante como la voluntad de prepararse para ganar. Bobby Knight/Entrenador norteamericano de baloncesto La primera vez que vi a Isolina Majul fue en 1986. Por ese entonces yo era estudiante de ingeniería y por las tardes, luego de clases, me iba de espectador al Club de Ajedrez las Vegas, en el centro de Bogotá, donde se jugaba el Campeonato Nacional Femenino. Isolina tenía apenas 13 años, pero ya tenía un título nacional en su haber. Me llamó la atención su concentración, su mirada fija dirigida hacia el tablero y un marcado aire de ensimismamiento y timidez. Años después, descubro esa misma serena presencia en su mirada, ese mismo aire de concentración y el mismo tono de timidez y seriedad que la ha caracterizado desde niña. La Maestra Internacional Isolina Majul Martínez nació en Sincelejo, departamento de Sucre, el 25 de Noviembre de 1973. Sin embargo, su estadía en su ciudad de origen no fue demasiado larga, pues sus padres se trasladaron a varios destinos e Isolina termino viviendo en diferentes ciudades de Colombia. De hecho, sus padres vivían en Barranquilla cuando Isolina estaba a punto de nacer y faltando pocos días se trasladaron a Sincelejo y a los 25 días de nacida retornaron a Barranquilla. Los comienzos de Isolina en el ajedrez son similares a los de muchos de los ajedrecistas colombianos y del mundo, cuando en sus primeros años son los padres o familiares muy cercanos los que introducen a los niños en este maravilloso mundo. “Por ese entonces yo vivía en Cartagena y en mi casa todos practicaban ajedrez, mi papá, mi mamá, mis tíos, a todos les gustaba jugar. Y también por esa época funcionaba un club de ajedrez ahí mismo en mi casa, entonces se reunían varios amigos de mis padres a jugar. Me imagino que viendo a mis papás y a los amigos de ellos jugar fue que yo aprendí, pues mis padres aseguran que ellos no me enseñaron directamente”.
Resulta curioso que, revisando la biografía de grandes maestros del tablero a través de la historia, no son pocos los que han aprendido a jugar de esta misma forma: es decir, mirando simplemente a los demás jugar. Es como si cada movimiento que observaban se convirtiera en una pieza de un rompecabezas que comenzaba a armarse en sus mentes, despertando una curiosidad que seguramente después se convertiría en obsesión. Mientras observaban en silencio las partidas de los demás, seguramente sus pensamientos se sumergían en un mundo de posibilidades infinitas, donde la lógica y la creatividad comenzaban a entrelazarse. Para la muestra estos casos de varios campeones mundiales: · José Raúl Capablanca, considerado uno de los mayores prodigios del ajedrez, aprendió las reglas observando a su padre jugar. A los cuatro años corrigió un error que cometió su padre durante una partida. · Magnus Carlsen, se interesó en el ajedrez desde los cinco años al ver a su hermana y su padre jugar. · Bobby Fischer, comenzó a jugar a los seis años, después de ver a su hermana jugar. · Garry Kasparov, comenzó a jugar al igual que Bobby a los seis años, después de ver a su padre y a su abuelo jugar. · Viswanathan Anand, comenzó a jugar a los seis años, después de ver a su madre y a su hermana mayor jugar. · Mikhail Botvinnik, comenzó a jugar a los 12 años después de ver a su hermano jugar. · Vasily Smsylov, el séptimo campeón mundial comenzó a jugar a los 14 años, después de ver a su padre jugar. · Tigran Petrosian, aprendió observando partidas en clubes de ajedrez en Armenia, antes de empezar a competir de forma seria.
Seguramente, algo similar ocurría en la mente de Isolina. Era en esas largas horas de observación donde nacería su pasión por el ajedrez, un fuego que, aunque imperceptible al principio, crecería hasta iluminar su camino al éxito. “Poco después que aprendí a jugar ya comencé a competir. A los cinco años vivíamos en Bucaramanga y jugué mi primer torneo oficial. Fue el torneo femenino local. Allí finalmente hice 3 puntos de 7 posibles. Considero que fue un buen resultado teniendo en cuenta que yo tenía apenas cinco añitos y me enfrentaba ya con jugadoras mayores. En esa época había muy poquitos niños que jugaban ajedrez y mucho menos niñas. Luego nos trasladamos en Bogotá y allá seguí compitiendo y jugando torneos de la liga. A los siete años estando en Cartagena, jugué el departamental de Bolívar y allí salí campeona del departamento. Esto me dio derecho para representar a Bolívar en mi primer campeonato nacional en la Guajira en 1981, cuando tenía 8 años. En ese campeonato conocí a Adriana Salazar (quien a la postre fue la ganadora), a Teresa Leyva, a las hermanas Soler, a Ilse Guggenberger, entre las que recuerdo. A partir de ahí seguí jugando torneos oficiales, hasta que gané mi primer nacional que fue en los Juegos Nacionales de Villavicencio en 1984, a mis once años. Era un torneo individual y fui representando al Atlántico, pues para aquella época yo ya vivía en Barranquilla. Después de ese torneo ya nos establecimos definitivamente en Barranquilla”.
¿Quién fue tu entrenador durante ese periodo de tiempo? ¿Fuiste autodidacta o hubo una persona en particular que te guió durante esos primeros pasos en el ajedrez? “Mi papá era mi entrenador. Él me explicaba teoría y durante la semana también me dejaba bastante material y ejercicios para que yo los desarrollara. Así que yo también por mi cuenta estudiaba mucho. Ya a medida que pasaron los años tuve varios entrenadores: cuando viajé a Cuba tuve varios entrenadores del ISLA (Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez); después, cuando regresé a Barranquilla, entrené unos meses con el Maestro Rafael Mendoza y cuando estuve en España estuve entrenando con el Maestro Miguel Llanes. Pero durante mi infancia y mis primeros años compitiendo mi papá fue mi único entrenador y acompañante en todos los torneos a los que iba. Recuerdo que los primeros libros que estudié por aquella época fueron los tomos de Grau, los libros con la colección de partidas de Capablanca, los libros de Máximo Borrell para las aperturas, los libros de Román Torán especialmente los de táctica. Recuerdo que yo siempre andaba con un libro en el bolso, eran pequeños y entonces yo los cargaba en la maleta cuando estudiaba en el Colegio María Inmaculada en Barranquilla y en cualquier momento que tuviera libre lo sacaba y me ponía a resolver ejercicios de táctica, problemas, etc.
¿Después que saliste campeona nacional en Villavicencio, fue ahí cuando comienzas a ver tomar el ajedrez mucho más en serio, es decir, a verlo como una actividad ya realmente representativa en tu vida? “Yo pienso que tomé el ajedrez en serio desde antes, desde muy pequeña. Lo que pasa es que creo que, como jugadora de ajedrez, y ahora como entrenadora también lo pienso así y mirando también la experiencia de otros entrenadores cómo entienden el proceso, consolidar una carrera en el ajedrez no es algo que se logra de un día para otro. Esto requiere mucho tiempo, dedicación, de mucho foco en el estudio, de ir a competir, ir ganando experiencia a través de la práctica competitiva. Ha habido algunos casos, que son más la excepción que la regla, donde en un tiempo corto se ha logrado consolidar una carrera ajedrecística, pero en general el proceso ajedrecístico requiere tiempo. Yo lo tenía claro desde muy pequeñita, que quería tomar el ajedrez muy en serio, pero fue solo hasta los 11 años que logré mostrar un resultado valioso a nivel nacional”.
¿Cómo definirías tu estilo en el ajedrez? ¿Eras más de corte táctico, te inclinabas más hacia un estilo posicional o practicabas un estilo universal donde te acoplabas a todo tipo de posiciones? “Yo pienso que todo ajedrecista debe tener la capacidad de jugar todo tipo de posiciones porque nunca va encontrar uno un rival con el mismo estilo de juego; los hay muy tácticos y otros que son demasiado posicionales, así que hay que tener habilidad en ambas facetas; en mi caso particular pienso que me logré amoldar a ambos estilos. De acuerdo a la posición me sentía cómoda jugando posicionalmente pero cuando la posición exigía un tratamiento táctico tampoco lo rehuía. Yo hacia muchísimos ejercicios de táctica y por eso no se me dificultaba jugar así”.
¿Cuáles eran tus aperturas preferidas? ¿Con cuáles te sentías mejor jugando tanto con piezas blancas como con negras? “Con blancas jugaba diferentes aperturas de acuerdo con el rival y la preparación. Jugaba peón dama, peón rey, aperturas irregulares; con todas me sentía bien y con negras mi predilecta era la Siciliana contra peón rey e India de Rey contra peón dama”. La memoria. Ese tejido invisible que sostiene nuestra identidad, la brújula que guía nuestras decisiones y el puente que conecta el ayer con el ahora. ¿No es acaso la memoria un acto de resistencia contra el olvido, un archivo de lo vivido, especialmente para aquellos a quienes el ajedrez ha representado un elemento importante en sus vidas? Se recuerdan personas, partidas, jugadas, posiciones, lugares, torneos, triunfos que nos hicieron volar y derrotas que nos hicieron sufrir. En este sentido, recordar es revivir y reconstruir, es perpetuar en nuestro interior una versión de lo vivido que evoluciona con nosotros. Somos la suma de nuestras memorias. Le pregunto a Isolina acerca de algún recuerdo especial, algún evento que tenga guardado en su memoria y que quiera evocar como algo significativo. “Tengo en mi memoria dos eventos que recuerdo con mucho cariño: el torneo de juegos nacionales en Villavicencio. Yo estaba muy ilusionada de jugar allí, tenía unas amigas llaneras que me dieron datos sobre la ciudad y que incluso, me enseñaron a bailar joropo; además, estaba ya representando al Atlántico de manera oficial. Y fue mi primer triunfo a nivel nacional cuando apenas tenía 11 años. El segundo recuerdo es el primer nacional de mayores que gané en el año 87 en Ibagué a los 13 años”.
Isolina ha sido campeona nacional en 7 oportunidades. Se mantiene en la tercera posición en cuanto a campeonatos nacionales ganados después de Adriana Salazar (9 veces) e Ilse Guggenberger (8 oportunidades). Sus triunfos han sido así: Ibagué - 1987 Armenia - 1989 Bogotá - 1990 Bogotá - 1991 Bogotá - 1997 Pensilvania - 1998 Cali - 1999