OSCAR CASTRO: BETWEEN GENIUS AND CHAOS
April 30, 2026 · Isauro Bustos Acosta · Historia
Discover the life of International Master Oscar Castro, a genius of Colombian chess marked by chaos and passion. Learn about his story, games, and legacy.

"Iba por ahí, con las manos metidas en los bolsillos rotos; hasta tal punto mi gabán se volvía ideal…" Arthur Rimbaud “¿A vos te gusta el tango”? Me soltó un día así de buenas a primeras el maestro Oscar, saliendo del club de ajedrez Las Vegas en Bogotá. Yo, joven estudiante de ingeniería de universidad pública por aquella época y cuyos gustos musicales solo se movían entre en el rock en español y el blues solo atiné a responder:-Esteeee.. no sé… ¿por qué? -Conozco un sitio en La Candelaria. Hoy quiero escuchar unos tangos y tomarme un par de tragos. -Bueno, vamos. -Vos tenés guita? Oscar, recién llegado de Argentina, se expresaba en una enajenado acento, mezcla entre paisa y porteñoargentino. -Plata? Sí, tengo algo. Comenzamos a ascender por las empedradas calles del colonial barrio de La Candelaria. Oscar, con su andar cansino y parsimonioso, daba la impresión de haber vivido por allí toda una vida. “Este barrio me recuerda mucho a Andorra la Vieja”, me dijo. “Hay dos Andorras, Andorra la Vieja y Andorra la Nueva. Me gustaba mucho caminar por las calles de la ciudad vieja. ¡Qué ciudad bella!” Hedonista como el que más, Oscar siempre andaba buscando muestras de belleza en todo; no solo en el tablero de ajedrez donde lo que más lee interesaba era crear bonitas obras, sino que también la buscaba en todas las demás manifestaciones del arte: en la literatura, en la música, en la arquitectura y obvio, en el tango! Marielita, la dueña del “Viejo Almacén” como así se llamaba y aún se llama el sitio de tangos, quería a Oscar como a un hijo. -Te sirvo lo de siempre Osquitar -Sí, lo de siempre mi hermosa dama. Oscar se transformaba con el tango. El “sentimiento triste que se baila” como lo definió Enrique Santos Discépolo (uno de los sus máximos exponentes del tango), evocaba en él añoranzas de su infancia y juventud en Medellín y de su estancia en Buenos Aires. A voz en cuello y ya con varias copas en la cabeza, Oscar entonaba las notas de nostálgicos tangos que emanaban de los viejos vinilos que giraban en el viejo tornamesa del “Viejo Almacén”. Ya bien entrada la noche, el maestro Castro se transformaba en bardo declamador y comenzaba a recitar poemas de memoria. En aquella ocasión, el turno fue para León de Greiff y con su gruesa voz Castro recitaba: Toda aquésa gentuza verborrágica -trujamanes de feria, gansos del capitolio, engibacaires, abderitanos, macuqueros, casta inferior elocuenciada de impotencia-, toda aquésa gentuza verborrágica me causa hastío bascas me suscita, gelasmo me ocasiona: mejores aires, -busca, busca el espíritu mejores aires- Y yo -Gaspar- me voy con el morral de mis caprichos, todo derecho, lógicamente, hacia el absurdo, dejando de lado, dejando de lado ruidos inanes de ventolina. Y ésa gentuza fonje, y ésa xarra gentuza nada me importa... En las nebulosas de mi memoria quedó perdido cómo salimos de allí, solo sé que ese día Oscar dejó traslucir una faceta nueva que no conocía de su existencia. La ciudad de Medellín vio nacer a Oscar Castro el 8 de Abril de 1953. Tal como me cuenta el ingeniero manizalita Santiago Arango (con quien sostuve varias charlas acerca de su amistad con Oscar y quien a propósito escribió junto con su hermano un exquisito libro llamado “Oscar Castro, el Jugador”), Oscar creció en el tradicional barrio de Aranjuez de la capital paisa y cuando tenía seis años fue enviado por su madre a una finca en el campo propiedad de un señor muy rico de la época. Allí tuvo que laborar como un campesino más y de su estancia allí en esa finca, fue donde nació su amor por la naturaleza, el agua, los árboles. Estuvo allí unos tres años, luego de lo cual cuando volvió a Medellín de nuevo al viejo barrio de Aranjuez para iniciar sus labores académicas. Desde el comienzo fue un niño muy inteligente y con un apetito voraz por la lectura. Volumenes y tomos de literatura y poesía pasaban por sus manos y Castro los devoraba en sus asiduas visitas a la Biblioteca Publica Piloto de Medellín. Cuenta Santiago Arango, que Oscar le mencionó que a pesar que no tuvo una relación muy cercana con su padre, lo recordaba con cariño. Su padre tenía mucha afinidad con el alcohol y, como consecuencia de eso, tuvo una caída muy fuerte desde el punto de vista material, monetario y anímico. Su vida se desmoronó. . Su madre tuvo entonces que comenzar a laborar en oficios varios para poder sostener el hogar, hasta cuando ocurrió un hecho trágico y doloroso: doña María Adelfa, como así se llamaba, su madre falleció en un accidente cuando el bus donde se dirigía al trabajo se incendió y ella murió muere quemada. Por entonces, Oscar ya de vuelta en Medellín, ingres a cursar sus estudios primarios en la escuela Carlos E. Restrepo. Allí cursa hasta cuarto elemental y, como era un alumno aventajado y aplicado, el rector de la escuela lo ayuda para que ingrese al colegio Alzate Avendaño, sin haber cursado el grado 5º de primaria. Estando allí, cuenta Oscar a Santiago, fue donde aprendió a jugar ajedrez y, como suele ocurrir, quedó atrapado por la diosa Caissa, porque le comenzó una pasión loca por el ajedrez. Le gustaba ir a apostar a una prendería por Guayaquil y allí un señor de apellido Castrillón, hermano de Tirso un reconocido ajedrecista, de lo invita a la Liga de Ajedrez de Antioquia. Por el año 69, ya Castro contaba con 16 años y edad y había hecho significativos progresos en el ajedrez. había progresado notablemente y iba a jugar con frecuencia al Club Maracaibo y gana ese año el campeonato Juvenil de Antioquia, lo que le da el derecho de jugar en Tunja la final del campeonato Nacional Juvenil. Boris de Greiff lo ayuda con su traslado de Bogotá a la capital boyacense y Oscar gana el torneo. Como campeón nacional juvenil va en representación de Colombia a jugar el campeonato mundial juvenil en Estocolmo, Suecia. Allí Castro tuvo una actuación sobresaliente, teniendo en cuenta que era su primera salida internacional y enfrentando a lo más grande de lo mejor del ajedrez juvenil a nivel mundial., terminando en la posición 12. Incluso se enfrentó allí al futuro campeón mundial, Anatoly Karpov, desafiándolo incluso con un gambito de Rey! Por el año 70, Oscar ya estaba totalmente entregado al ajedrez y ya no iba asistía a la Biblioteca Publica Piloto a leer literatura sino a estudiar localmente ajedrez, por lo que descuidó sus estudios en el Alzate Avendaño. Cuenta Oscar en sus charlas con Santiago Arango, que para entonces era uno de los peores alumnos del grupo y, a pesar de eso, se presentó a la Universidad de Antioquia (sin siquiera haberse graduado del colegio) a la carrera de matemáticas. Curiosamente fue admitido por su buen puntaje en el examen de admisión. Ya para el año 71 Oscar era el monitor de ajedrez de la universidad, pero solo alcanzó a estudiar dos semestres de matemáticas, porque por ese entonces cerraban mucho la universidad debido a las huelgas y paros. Eso aburrió a Oscar por lo que decidió irse para Europa, donde comenzaría su exitosa carrera en el ajedrez, periplo que retomaremos más adelante. La primera vez que vi a Oscar Castro fue durante unas simultaneas que ofreció en la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional. Yo conocía de él por sus partidas contra Petrosian y Geller que prácticamente todo ajedrecista había estudiado alguna vez, pero más allá de eso, no conocía mucho más. Recuerdo su figura ensimismada; a primera vista me pareció un individuo muy taciturno y callado. Su mirada siempre dirigida hacia el infinito, como en eterna búsqueda de algo. De hecho, parecía que no miraba las cosas, sino “a través” de las cosas. Me senté a jugar con él y luego que terminó conmigo, me dijo: “No te vayas, quedáte un minuto, que quiero hablar con vos”. Yo, para entonces, era ya muy aficionado a los libros y tenía sobre la mesa, al lado del tablero, un ejemplar de “Los Siete Locos”, novela del escritor argentino Roberto Arlt, a quien yo había comenzado a leer por entonces. Arlt era un escritor porteño de comienzos del siglo XX, especialista en retratar personajes excéntricos en paisajes sombríos y descuidados. Le encantaba plasmar una estética de la locura en sus obras. Su personaje principal, Erdosain, era fiel muestra de ello. Por las miradas de soslayo que Óscar dirigía al libro mientras jugada, sospeché que esa era la razón por la que quería hablar conmigo. Cuando terminó con el último contrincante, se dirigió a mi lugar, donde yo lo esperaba. -¿Dónde conseguiste ese libro?, me pregunta. -En una librería de segunda en el centro. -¿Y por qué estás leyendo a Roberto Arlt? No creía que lo conocían poracá, dice. -Leí una reseña sobre él y me gustóy conseguí este libro muy barato. No me dijo nada más. Se despidió y se fue. Meses después, cuando ya lo conocía mejor e, incluso, ya habíamos ido a escuchar tangos al Viejo Almacén, comprendí el por qué su cuestionamiento por el libro. Y es que Erdosain era él! Mejor dicho, era como si Arlt hubiera viajado al futuro y se hubiera inspirado en Oscar para crear ese personaje. Un personaje viviendo la vida a contramano, con locura. “Hay método en mi locura”, se definía Oscar a si mismo. Erdosain y Oscar; Oscar y Erdosain. Dos caras de la misma moneda, viviendo entre el caos y en la sombra. Entre la desesperanza y la angustia: “Personajes que manchan sus vidas con sus estampas agobiadas por todos los vicios y sufrimientos”. Fue después cuando supe que Oscar no pertenecía a este mundo. Era un personaje definitivamente especial. Martin Mauricio Martínez es un joven ajedrecista del Meta, Maestro Internacional, quien siempre ha hecho gala de un singular talento para el juego audaz y atrevido. Supe que fue muy amigo de Oscar, por eso quise hablar con él para conocer de primera mano su testimonio de su relación con el maestro antioqueño: “Conocí a Oscar en el año 2005, cuando yo tenía 10 años”, así comienza su relato Martín. En ese entonces yo solía viajar a Bogotá con mi papá para jugar los torneos que se hacían allá y, especialmente, unos torneos de blitz y masnou que se realizaban en el Club Lasker, en el centro de Bogotá. En uno de esos torneos estaba presente Oscar y a él le gustó mucho mi estilo de juego. A pesar de mi corta edad y que era muy empírico, ya tenía una marcada predilección por la táctica y no escatimaba esfuerzos para sacrificar piezas en aras de cazar al rey contrario. Lo que me interesaba era dar mate. Eso le llamó mucho la atención a Oscar y ese día salimos a caminar por la carrera séptima. A mí siempre me ha gustado mucho la lectura y los libros y Castro me regaló ese día el libro “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu. Me encantó demasiado la charla de ese día, porque hablamos mucho de estrategia y me dijo que ese libro, me ayudaría a entender de una manera diferente, la lucha que se escenificaba en el tablero de ajedrez. Que si aplicaba en el ajedrez lo que decía Sun Tzu en su libro, podía lograr la maestría en el tablero. Obviamente, combinado esto con mucho trabajo y dedicación. Ese día nació una relación de amistad entre los dos. En ocasiones me llamaba y me decía: “estoy disponible” y entonces venía a Villavicencio y estudiábamos. Oscar tenía un conocimiento enorme de los clásicos: Steinitz, Capablanca, Lasker. Se podría decir que Castro tenía un “toque” especial con ellos, pues los comprendía a la perfección. Adicionalmente, con él también comencé en ese momento a entender una fase del juego a la cual yo no había prestado suficiente atención y es el Final. A los 15 años yo tenía un Elo de 2150 y es cuando Oscar me llama un día y me dice: “Ya es momento de que seas Maestro Internacional”.En ese momento yo tenía el apoyo de algunos políticos del Meta por ser uno de los deportistas más destacados del departamento y logro conseguir un apoyo para Oscar con un salario mensual. Oscar se viene a vivir a Villavicencio y alquila una casa muy grande solo para él. Comenzamos a entrenar muy juiciosos. El llegaba a las 7:30 AM. Yo vivía con una tía y ella le daba el desayuno. Las sesiones iban de 8 a 12:30 y a esa hora parábamos para el almuerzo y luego retomábamos de 2:30 a 6:00 pm. Fueron seis meses de entrenamiento intenso. Recuerdo que estudiamos todo el match por el campeonato del mundo de 1927 entre Capablanca y Alekhine. Fue el match completo. Una partida diaria donde mirábamos, repasábamos las variantes, las aperturas, el medio juego, el final, todo! Lo hacíamos sin módulo, intentando encontrarle el sentido a cada jugada. A Oscar le gustaba mover las piezas sobre el tablero. No calculaba mentalmente sino que iba moviendo las piezas y esto le causaba a el una satisfacción indescriptible. Le gustaba sentir las piezas, acariciarlas. Yo siento que Oscar trataba siempre de encontrarle un sentido más que ajedrecístico a cada jugada. Para él, cada jugada tenía casi que un sentido filosófico. Más que el “para qué” a Oscar le interesaba saber el “por qué” de una jugada. Hacía prácticamente una disertación filosófica del por qué una pieza se movía precisamente a una casilla en particular. En ocasiones, después de una jornada ardua de entrenamiento, yo le decía: Oscar, descansemos, ya no doy mas. Entonces con un tono muy serio me decía: “Así no vas a llegar a GM!” Muchas veces continuábamos la jornada en la noche, jugando blitz en el Club de Ajedrez. Una vez me contó que Korchnoi se sentó toda una noche a analizar con él. Que el terrible Viktor haya hecho eso, es una muestra clara del respeto que le tenía a Oscar como ajedrecista. Un buen día Oscar me dice: “No aguanto más en Villavicencio. Ya me quiero ir”. Y se fue. Ahora después de todo este tiempo, siento que definitivamente Oscar fue la persona que le dio sentido a mi ajedrez. El fue quien me encauzó y sin su ayuda y mentoría yo no hubiera logrado lo que logré en el ajedrez. Después que termine mi entrenamiento con el, sentía que el ajedrez me fluía y logré mi título de Maestro Internacional gracias a eso. Luego nos veíamos de vez en cuando en los torneos e, incluso, me propuso estudiar un año más para que fuera GM. De hecho, alcancé a hacer gestiones para que se trasladara nuevamente a Villavicencio, pero estando en eso me sorprendió la noticia de su muerte. Fue algo que me entristeció mucho. Mirando las cosas en retrospectiva, creo que Oscar halló en el ajedrez una justificación para la vida, porque siento que más allá de eso, él no le encontraba mucho sentido a vivir.” <<Entiéndeme. No soy como un mundo ordinario. Tengo mi locura, vivo en otra dimensión y notengo tiempo para cosas que no tienen alma.>> Charles Bukowski En el año 71 Oscar, al tiempo que estudiaba matemáticas en la Universidad de Antioquia, oficiaba como entrenador en la misma Universidad y ya su pasión por el ajedrez prácticamente consumía la mayor parte de su tiempo y energía. Ese año, viaja nuevamente a Europa a jugar otra vez el Campeonato Mundial Juvenil en Atenas, que fue ganado por el suizo Werner Hug. Allí Castro no tuvo una actuación tan descollante y finalizó en posiciones intermedias de la tabla, pero estos viajes al exterior le permitieron abrir su mente a nuevas culturas y desde entonces se convirtió en habitual viajero al viejo continente. En el año 72 en la ciudad austriaca de Graz representa a Colombia en el campeonato mundial universitario por equipos y decide entonces radicarse en Europa, principalmente en España, donde comienza a jugar numerosos torneos abiertos. Era habitual ver a Oscar alzarse con el triunfo en muchos de esos eventos y la prensa española ya se deshacía en elogios hacia el maestro colombiano. Además, como él mismo Oscar lo contaba “vivía bastante feliz, tenía mucho éxito y ganaba bastante dinero”. En el año 74 asiste como primer tablero de Colombia en la olimpiada de Niza. Oscar comenzó a moverse por toda Europa jugando muchos torneos a donde era habitualmente invitado. Su condición de ciudadano de un país lejano llamaba mucho la atención de los organizadores y por eso no era raro que fuese consuetudinario participante de torneos alrededor de todo el viejo continente. Sin embargo, como nómada eterno, Oscar iba y venía. En el año 72 en una de sus visitas a Colombia, en Barranquilla Castro empata en el primer lugar del Campeonato Nacional de Ajedrez con los maestros Francisco Muñoz y Juan Minaya. Luego en el desempate en Cali, Castro gana y logra su primer campeonato nacional. En el año 75 regresa por estas tierras a jugar el campeonato Centroamericano y del Caribe en República Dominicana donde resulta triunfador. Allí logra su título de Maestro Internacional. Este triunfo le dio derecho a jugar el Torneo Zonal en Cuba el cual también gana. Por aquellos años se jugaban torneos subzonales y zonales previos a los torneos interzonales luego de lo cual se clasificaba finalmente al Torneo de Candidatos. Oscar clasifica entonces al Interzonal de Biel que se jugó en el año 1976. Un torneo sumamente fuerte cuya nómina estaba encabezada por los ex campeones mundiales Petrosian y Tal y habituales candidatos al título como Larsen, Hubner, Geller y Portisch. Una nómina de lujo por donde se le mire. Castro, de 23 años para entonces, finalizó en las últimas posiciones ganando 3 partidas, empatando 6 y perdiendo 10. Sin embargo, la noticia mundial la constituyeron sus dos victorias, primero sobre Efim Geller y, luego sobre el ex campeón mundial Tigran Petrosian. Este último encuentro tiene su particular historia. Era muy raro y un caso excepcional que Petrosian perdiera. Su estilo hiper sólido y su comprensión inmensamente lógica del juego hacían que se le considerara el defensor más fuerte en la historia del ajedrez. Castro sacrificó dos peones para montar un ataque (lo que posteriormente alguien calificó como la “danza de los caballos blancos”). Estando un poco inferior en la posición, Petrosian le ofrece tablas a Oscar, pero lo hace de manera incorrecta; es decir, ofrece las tablas sin haber realizado la jugada y Oscar se lo hace ver: “Maestro, haga su jugada primero”. Petrosian hace entonces su jugada pero ya no mantiene la oferta de tablas y la partida continuó. Varias jugadas después, la partida se encaminaba hacia un empate por repetición de jugadas. Sin embargo, Petrosian reclama tablas nuevamente de forma errónea, pues lo hace cuando Castro tiene el turno de jugar y no cuando le toca jugar a él. Castro varía entones la jugada y en un gran apuro de tiempo de Petrosian, Oscar comienza a maniobrar con los caballos y lo deja en red de mate. El excampeón mundial tuvo que entregar material para entrar en un final perdido. Fue la única derrota de Petrosian en el torneo y esto casi le cuesta la clasificación al final. Por esta victoria, Victor Korchnoi, enemigo acérrimo de Petrosian por entonces, le envió 100 dólares a Oscar como regalo por haber vencido a Tigran. En este mismo torneo Castro también derrotó a otro GM de mucha importancia histórica en el ajedrez: el ucraniano Efim Geller. Estas dos victorias catapultaron a la fama a Oscar y muchos auguraban que se convertiría en GM muy pronto. En ese mismo año de 1976 en el Torneo de Costa Brava, Oscar logra una actuación superlativa logrando 6.5 pts de 9, alcanzando el segundo lugar detrás de Larsen a quien derrotó en el encuentro individual. Esto le valió para que alcanzara norma de Gran Maestro. A mencionar también otras actuaciones importantes como el Torneo de Manresa 1977 donde logró el primer lugar. Su segundo puesto en el torneo de Linares 1979 donde, contra una nómina de lujo encabezada por Korchnoi, Christiansen, Ermenkov, Rivas, etc. Castro alcanza nuevamente norma de GM. Primer puesto en Paraguay 1985, segundo en Mar del Plata 1986, primero en el Carlos López in Memoriam 1987. Estos son solo una muestra de sus triunfos porque son innumerables los torneos en los cuales Castro alcanzó actuaciones fulgurantes. Castro fue cinco veces campeón nacional: 1972 (Barranquilla-Cali), 1974 (Medellín-Bogotá), 1992 (Armenia), 1994 (Medellín) y 1999 (Fusagasugá). Estuvo, además, representando a Colombia en ocho olimpiadas mundiales, siempre con actuaciones destacadas. Olot es una pequeña ciudad española situada en la provincia de Gerona en Cataluña. Por los años 80, Olot contaba con un importante Club de Ajedrez del cual formaba parte Oscar. Allí también jugaba un conocido de la afición ajedrecística colombiana, el MI Francisco Javier Sanz quien fue amigo personal de Oscar y compartían, de hecho, vivienda en Barcelona. Todos los jugadores tenían contrato con el club a excepción de Oscar quien nunca firmó contrato. Tal como lo reseña el maestro colombiano Rafael Saladén, quien fue muy amigo de Oscar, en el libro “Oscar Castro- el jugador” compilación de entrevistas de Santiago Arango: “Oscar hacia parte del equipo Olot, pero nunca llegó a tener un contrato formal. Desde el comienzo habló con el dueño del club y llegaron a un acuerdo. Castro le dijo: “A mi no me pague nada de sueldo. Cuando yo necesite algo le digo. Y así lo hicieron. Castro podía estar en el sitio más apartado del mundo, sin un peso en el bolsillo. Llamaba al señor y allá le llegaba el giro”. Esto es solamente una muestra de la extraña relación que tenía Oscar con el dinero y la confianza tan marcada que le tenían en España, no solamente el dueño de este club por ejemplo, sino prácticamente todos los organizadores de torneos en España, quienes le pagaban, además de los premios de los torneos, los viáticos, el alojamiento, la comida, etc. Oscar era, por esa época, definitivamente un privilegiado porque los organizadores veían en el no solamente un jugador de excepcional condición técnica, sino que él también se hacía querer por su cultura y don de gentes. Eduardo Bermúdez es un Phd en Filosofa y profesor de la Universidad del Atlántico, aparte de destacado ajedrecista.Fue muy amigo de Castro en su momento y tuve una charla con él para que me contara detalles de su relación con el maestro colombiano. “En la vida de Oscar hay un capítulo que no ha sido suficientemente valorado y es el capítulo Caribe. El Caribe para Oscar siempre representó algo muy querido y valioso y eso es importante tenerlo en consideración”, me dice. “Comenzando por el año 72 cuando aquí, en Barranquilla fue donde empató el primer en el campeonato nacional, que a la postre lo coronó campeón en Cali. Ese año fue la primera vez que vi a Oscar. Ocasionalmente visitaba Barranquilla entre los 70 y los 80s y se quedaba por temporadas, pero como Oscar ha sido un eterno transeúnte del mundo pues iba y volvía. Por el año 87, yo me encontraba en Bogotá y coincidí una noche con Oscar en el Club Los Maestros. En ese club era habitual encontrarse a maestros como Oscar, Jorge González “pepino”, Zapata, etc. Lo invité a que ofreciera unas simultáneas en Barranquilla y eso le agradó bastante pues ya quería ausentarse un tiempo de la capital. En el año1989 Colombia fue sede del Campeonato Mundial Juvenil en Tunja y el crédito de Colombia era el juvenil Marcio Melgosa. Castro ofició de entrenador de Marcio en su preparación para el mundial y, de hecho, también cubrió el evento para la revista Ajedrez Universal. En una de sus ocasionales visitas a Barranquilla lo llevé a conocer la biblioteca de ajedrez más completa y variada que había en Colombia y que era propiedad del más grande coleccionista de libros de ajedrez que ha tenido el país, Luis E. Márquez Lascano. Oscar quedó completamente embelesado al verse rodeado de tantos volúmenes de historia del ajedrez, tomos de aperturas, tratados de estrategia y táctica, biografías y toda la amplia gama de temas ajedrecísticos pues no había ítem del ajedrez que la biblioteca de don Luis no tuviera cabida. Allá volvimos en varias ocasiones y Oscar no desaprovechaba la oportunidad para leer y escudriñar entre los libros que alguna vez había querido leer y no había podido”. Eduardo coincide, como muchos, en que Oscar tenía la suficiente fuerza para ser Gran Maestro y si no lo fue, no fue por falta de talento o fuerza ajedrecística, elementos con que contaba de sobra, sino por circunstancias y avatares de la vida ya ajenas al ajedrez. Hace un comparativo con el hecho de que en el año 76 Castro tuvo un perfomance tan espectacular - con sus victorias sobre Petrosian, Geller y Larsen (números 3, 6 y 9 del mundo)- “que es como si ahora un MI colombiano de 2500 de Elo le ganara a Caruana, Abdusatorov y Wesley So en el mismo año”. Oscar Castro se casó en dos ocasiones: la primera fue con una pintora argentina – Marcia Schvartz. Huyendo de la dictadura argentina, ella emigró a España y allá conoció a Oscar en Barcelona por el año 76. Tal como lo menciona ella “A él lo enamoro mi tristeza y a ambos nos unió la nostalgia del tango”. Comenzó a acompañarlo en sus periplos ajedrecísticos por España y después de unos años de relación dejaron juntos Europa. Era el año 81, él regresó a Colombia y ella a Argentina. Luego de unos años se volvieron a juntar en Barcelona y ya en ese momento viajaron los dos a Buenos Aires. Allí Castro reafirmó su vieja y entrañable pasión por el tango mientras participaba en torneos de Ajedrez. Tuvieron un hijo – Bruno – hecho que sirvió para solidificar su relación. Entre los ires y venires de Oscar a Colombia y España y a de ahí a otros sitios del mundo (como era su costumbre como trashumante eterno), se veían en esporádicas ocasiones en Barcelona o cuando Oscar iba a visitar a su hijo en Buenos Aires. Luego los encuentros se volvieron más distantes debido en parte al marcado desinterés de Oscar por el dinero, lo cual le impedía viajar con la frecuencia que hubiera querido; a pesar de que mantenían una comunicación telefónica frecuente, la relación finalmente se terminó diluyendo. El segundo matrimonio de Oscar fue con Vivian Salcedo, una joven empresaria barranquillera. Se casó con ella con todas las formalidades del caso, algo que se podría catalogar como un hecho inusitado, dada la proverbial aversión de Oscar a las formalidades y a todo lo que tuviera que ver con etiquetas sociales. Con ella se casaron en el 90 y estuvieron conviviendo juntos hasta el año 92. Según afirma Rafael Saladén “En el caso de Vivian, Oscar estuvo muy enamorado. Seguramente con muchos conflictos, porque a los dos años ya estaban separados…Oscar definitivamente no era un hombre que pudiera catalogarse como un buen esposo. Viajaba constantemente y el tema del ajedrez le demandaba mucho tiempo…”. Según Carlo Vittorino, MI y también especial amigo de Oscar “…Hacia finales de los 80s, Oscar viajaba con mucha frecuencia a Estados Unidos, jugaba los torneos que quería y obtenía buenos resultados. Luego, Vivian lo apoyó en todos sus proyectos de ajedrez. Pero cuando se separó de ella, esto lo afectó demasiado, lo vi vivir un tiempo muerto. A partir de ese momento no volvió a jugar en el plano internacional…” Sin embargo, a pesar de todas las vicisitudes y del hecho de que convivir con Oscar no debería ser una tarea fácil, esa relación con Vivian marcó definitivamente la vida de Oscar de muchas maneras. Aparte de contar con un apoyo económico estable (Vivian era una mujer pudiente), ella se convirtió también para él en un apoyo anímico innegable. Cuenta Eduardo Bermúdez que “un día me llamó Boris de Greiff desde Bogotá y me comentó que, luego de un periodo de excesos bohemios, el maestro Oscar estaba recuperando la senda de los éxitos y ello se debía, en gran parte, a su renovada vida en Barranquilla: espejuelos nuevos, cédula nueva, pasaporte nuevo y el amor de su nueva e inspiradora musa caribeña…” Oscar fue siempre un enamorado de las mujeres. Lo seducían su gracia, su generosidad e innegablemente, su belleza. Y ellas veían en él a un ser extraño, diferente, de singular cultura y refinamiento. Y eso también las seducía. Tal como afirma Marcia Schvartz “Su desapego y su profunda libertad me enseñaron a ver el mundo con menos miedo…” “Poderoso caballero es don Dinero”, escribía el genial poeta español Francisco de Quevedo allá por el siglo XVII. Sin embargo, al menos indicado que se pudiera aplicar esta frase sería a Oscar, porque si algo le interesaba menos en la vida era el dinero. Es cierto que durante su época de esplendor en España donde logró tener bastante holgura económica o durante su relación con Vivian donde Oscar volvió a sentir lo que era tener comodidades, al final de su existencia fue todo lo contrario. Oscar era fiel representante de lo que el budismo zen llama el “desapego”, solo que él lo llevaba a extremos inusitados Era común verlo llegar a los torneos llevando solo una bolsa como equipaje y con cero pesos en el bolsillo, aunque siempre aparecía alguien que le facilitara un poco las cosas con un préstamo o un patrocinio. Su desapego hacia el dinero era tal que ya son legendarias las historias que se cuentan donde regalaba lo que recibía de premio por los torneos, o invitaba a indigentes a comer o cerraba establecimientos para que todo el mundo bebiera a costa suya. Y le debía a cada santo una vela. Como relata Leontxo García en el prólogo al libro de Santiago Arango, Oscar solía decir: “Hay días en que me levanto por la mañana y decreto una amnistía general. Mis deudores quedan perdonados y a los que les debo plata deben perdonarme. Pero los del segundo grupo siempre son más numerosos que los del primero!”. “Estoy en economía de guerra!” era otra de sus frases de cajón. Oscar pasaba sus días siempre como en una tensa partida de ajedrez, en el filo de la navaja. El célebre poeta paisa Ciro Mendía no podía resumir mejor la existencia de esos seres desarraigados, caóticos y a veces llenos de desesperanza: “Tengo en mi cama caimanes y en mi pecho alacranes… y en la esquina un policía!” Tantas y tantas historias se podían seguir contando de Oscar que se podrían llenar páginas y páginas o escribir libros enteros porque su existencia en sí misma era un mundo aparte. Un ser que cuando pasaba solía dejar tras de sí, como estela, la sugestión de una angustia. Llegaremos a comprender algún día este mundo en su totalidad? Difícil responderlo porque con certeza el único que conocía el verdadero sentido de su existencia era el mismo Oscar. No podíamos terminar esta semblanza sin dejar plasmadas aquí una de las estrofas de su tango más adorado: Sur, de la autoría de un grande del tango en Argentina– Homero Manzi: Sur Paredón y después Sur Una luz de almacén Ya nunca me verás cómo me vieras Recostado en la vidriera Y esperándote Ya nunca alumbraré con las estrellas Nuestra marcha sin querellas Por las noches de Pompeya Las calles y las lunas suburbanas Y mi amor en tu ventana Todo ha muerto, ya lo sé…
Este artículo fue publicado por primera vez en la revista Peón Ladino de la Federación colombiana de ajedrez en el año 2024 ALGUNAS DE LAS MEJORE PARTIDAS DEL IM OSCAR CASTRO