TERESA LEYVA: ÚNICA MEDALLA DE ORO OLÍMPICA FEMENINA EN COLOMBIA
24 de octubre de 2026 · Isauro Bustos Acosta · Historia
“No soy una jugadora de ajedrez femenina, soy una jugadora de ajedrez” Judith Polgar “Teresita, ve vos a comer algo y a descansar. Yo te despierto una horita an

Artículo publicado en la revista Peón Ladino de la Federación Colombiana de Ajedrez. Agosto de 2024. “No soy una jugadora de ajedrez femenina, soy una jugadora de ajedrez” Judith Polgar “Teresita, ve vos a comer algo y a descansar. Yo te despierto una horita antes de la reanudación y te cuento los análisis que encontramos para terminar la partida” . Estas fueron las palabras que Boris de Greiff, capitán de la delegación femenina le pronunció a Teresa Leyva luego del aplazamiento de su partida con la china An Yangfeng en la 13 ronda de la olimpiada mundial de Ajedrez en Lucerna, 1982, partida que Teresa Leyva finalmente ganó y que le permitió alcanzar la presea dorada en la olimpiada. Para las nuevas generaciones mencionar el nombre de Teresa Leyva quizá no signifique mucho. Sin embargo, para la historia del ajedrez colombiano y, en particular, para el ajedrez femenino, este nombre tiene un significado muy especial, dado que Teresa ha sido la única ajedrecista colombiana en alcanzar una medalla de oro en una Olimpiada Mundial de Ajedrez.
Hablo con Teresa en línea para recopilar los datos para esta semblanza y al otro lado de la pantalla me responde una mujer muy amable y cordial, pero también con trazos de un carácter fuerte. “Recuerdo que la partida ese día fue muy tensa. Desde el principio noté bastante hostilidad por parte de la jugadora china y se notaba que quería ganarme a como diera lugar. Sin embargo, yo no me dejé amedrentar porque tanto en el ajedrez como en la vida siempre he sido echada para adelante y le jugué de tú a tú. Inclusive, recuerdo que ella tenía una especie de esencia líquida en una botellita que se untaba de vez en cuando, supongo que para que le calmara un poco la ansiedad. Se untaba y dejaba la botellita al lado y en un momento de tensión pues yo ni corta ni perezosa agarré la botellita y también me unté un poquito” , cuenta Teresa entre risas. “La china me miró furiosa como si quisiera comerme y dejó entonces la botellita lejos de mi alcance. La partida se aplazó y Boris me dijo que me fuera a descansar. En esa época, las partidas se jugaban a un ritmo de 40 jugadas en dos horas y media y se aplazaba para reanudarla luego. La jugada secreta se dejaba anotada en un sobre que se abría al momento de la reanudación. Resulta que nada más y nada menos que Jan Timman, Ulf Anderson y el cubano Guillermo García se ofrecieron a analizar la posición y pasarle las conclusiones a Boris. Nunca supe si fue porque yo les caí bien o porque ellos tenían algún interés en que yo le arrancara por lo menos un punto a la selección de China, pero lo único cierto es que me fui a descansar y luego seguí las recomendaciones de ellos y afortunadamente gané la partida. En la última ronda descansé para asegurar la medalla…”. El equipo colombiano en Lucerna estuvo conformado por Ilse Guggenberger, Adriana Salazar, Gloria Inés Maya y Teresa Leyva oficiando como suplente. Teresa terminó invicta con un perfomance de cinco victorias y cuatro empates.
Teresa Leyva nació en Bogotá el 3 de Julio de 1957 y pasó su infancia y adolescencia en barrios muy tradicionales y antiguos como el Ricaurte y Primavera, situados en el centro de Bogotá. “Nosotros éramos una famila muy normal, de clase media, y disfrutábamos de ciertas comodidades. Vivíamos en una casita que mi papá había adquirido en el barrio Ricaurte. Allí vivíamos con mis padres y cinco hermanos. Pero un día pasó una tragedia terrible: se nos incendió la casa y perdimos todo. Quedamos en la calle. Hasta el lote donde estaba la casa lo perdimos porque mi papá lo entregó en parte de pago por el daño que sufrieron las casas alrededor ”. La filosofía estoica – con Séneca y Epicteto a la cabeza- pregonan que “lo que realmente importa no es lo que nos sucede, sino cómo reaccionamos a los que nos sucede”. Es en esos momentos de tragedia cuando sale a flote la resiliencia, esa capacidad que tiene el ser humano para transformar el dolor en algo nuevo, de moldear el sufrimiento y convertirlo en algo valioso. ¿Qué le queda al ser humano cuando lo ha perdido todo? Renacer de las cenizas como el Ave Fénix debería ser la opción más plausible. Es ahí cuando la resiliencia se convierte en arte, en un acto de creación constante. Nos invita a vernos, no como víctimas del destino, sino como artistas de nuestra propia vida.
Aunque el ajedrez es finalmente un juego de mente y estrategia, ningún ajedrecista está exento de enfrentar, alguna vez en su vida, desafíos y tragedias de la vida real, que los retan hasta el límite y los hacen sacar lo mejor de sí para superar esos problemas. Algunos lo logran, otros tristemente no. ¿Al fin y al cabo, no es la vida semejante a una partida de ajedrez con sus desafíos y contiendas, con sus sacrificios y derrotas? Algunos ejemplos nos pueden dar una mejor luz sobre estos eventos: Paul Morphy (1837-1884) La mente brillante que se apagó: Considerado uno de los más grandes prodigios del ajedrez, Paul Morphy dominó el juego en su juventud, pero su vida posterior fue trágica. Después de retirarse prematuramente del ajedrez en su veintena, se sumergió en un estado de paranoia y se volvió recluso. A pesar de su brillantez en el ajedrez, Morphy nunca pudo encontrar la misma satisfacción en otras áreas de su vida, y su salud mental se deterioró progresivamente. Murió a la edad de 47 años, dejando un legado de genialidad y tragedia. Akiba Rubinstein (1880-1961) Luchando con la enfermedad mental: Rubinstein fue uno de los jugadores más fuertes del mundo durante la primera mitad del siglo XX, y muchos lo consideran uno de los mejores ajedrecistas que nunca llegó a ser campeón mundial. Sin embargo, sufrió de esquizofrenia, lo que le impidió participar en el campeonato mundial y afectó su vida personal. A medida que su enfermedad mental empeoró, se retiró del ajedrez competitivo y vivió sus últimos años en una institución. Bobby Fischer (1943-2008) El genio torturado : Fischer es una de las figuras más legendarias y controvertidas del ajedrez. Alcanzó la cima del mundo ajedrecístico al derrotar a Boris Spassky en 1972 para convertirse en campeón mundial. Sin embargo, su vida personal estuvo marcada por la paranoia, el aislamiento y la controversia. Abandonó el ajedrez competitivo poco después de su victoria, se convirtió en un fugitivo y terminó viviendo en el exilio en Islandia. Fischer sufría de graves problemas de salud mental y su comportamiento errático y antisocial lo alejaron del mundo que una vez lo aclamó. Mikhail Tal (1936-1992) El genio del ataque y la enfermedad crónica: Conocido como "El Mago de Riga", Tal fue famoso por su estilo de juego agresivo y creativo. A pesar de su éxito en el ajedrez, incluyendo ganar el Campeonato Mundial en 1960, Tal sufrió de problemas de salud crónicos a lo largo de su vida, incluyendo problemas renales severos que requirieron múltiples cirugías. Su salud deteriorada lo obligó a retirarse temporalmente del ajedrez en varias ocasiones, y falleció relativamente joven, a los 55 años. Vera Menchik (1906-1944) Una vida truncada por la guerra: Vera Menchik fue la primera campeona mundial femenina de ajedrez y dominó el ajedrez femenino durante más de una década. Sin embargo, su vida fue trágicamente acortada durante la Segunda Guerra Mundial. En 1944, Menchik, junto con su madre y hermana, murió en un bombardeo alemán en Londres. Su muerte fue una gran pérdida para el mundo del ajedrez.
Teresa y su familia encararon esta tragedia de la mejor manera. “ Como ya no teníamos nada que perder, mi papá decidió que íbamos a salir adelante contra viento y marea. Yo tenía seis años cuando sucedió eso. Obviamente ni mis hermanos ni yo teníamos juguetes y es entonces cuando mi papá nos enseña a jugar ajedrez. Él decía que ni el parqués ni el dominó ni los dados era algo que nos iba a servir de algún provecho, sino que él quería enseñarnos ajedrez, porque era un juego que nos iba a enseñar pensar y, dada la situación en que nos encontrábamos, el ajedrez era algo que nos ayudaría a resolver y a encontrar soluciones a nuestra situación. El primer ajedrez que tuvimos era de pasta y a mi desde el primer momento me llamaron la atención los caballos. Siempre me parecieron una figuras muy bonitas y estilizadas. Todos, excepto mi hermano menor, aprendimos a jugar, pero solo a dos nos quedó realmente gustando y con ganas de competir. Con ese hermano era con quien yo me la pasaba jugando y entrenando.
Teresa considera que realmente empezó a jugar ajedrez competitivo luego de unas simultáneas que se organizaron en el centro de Bogotá. Ella lo relata de la siguiente manera: “ La Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB) organizó unas simultáneas con los mejores maestros de Bogotá de aquella época. Me acuerdo de Juan Minaya y José Antonio Gutiérrez. A mí me correspondió jugar con Minaya y le gané. Yo tenía 13 años en ese momento. En aquella época yo ya había comenzado un poquito a estudiar ajedrez por mi cuenta, pues porque mi papá nos había enseñado de forma muy empírica. Él no sabía de aperturas ni de teoría ni de nada de eso. Cuando yo gané esas simultáneas, la ETB me vinculó a la empresa, no como trabajadora obviamente porque yo era muy pequeña, sino como jugadora. Entonces José Antonio que sí estaba vinculado formalmente me comenzó a dar clases. Yo tenía que ir dos veces por semana y él nos entrenaba allá. De hecho, el estilo de juego de él y el mío se parecían porque ambos éramos muy tácticos. Yo siempre salía a dar mate. En aquella época se jugaban en Bogotá muchos torneos inter-empresas porque había muchas empresas que patrocinaban el ajedrez y yo jugaba siempre por la ETB. En uno de esos torneos como premio me regalaron un tomo de los libros de Grau, que aún lo tengo por ahí guardado. Era el segundo tomo, el de táctica, y a mí me gustó mucho ese libro porque era el estilo que yo siempre practiqué en el ajedrez. Fue el primer libro que estudié seriamente. Ya después conseguí por mi cuenta los demás tomos, pero ese segundo volumen fue el que más me gustó y lo estudié muy juiciosamente. En el año 1976 jugué mi primer torneo Distrital Femenino y lo gané, por encima de competidoras muy fuertes de aquella época como las hermanas Gómez (Helena, Esperanza y Constanza), Rosalba Patiño y Lilith Velásquez, entre las que recuerdo.”
Ese primer torneo de relevancia que ganó Teresa fue el propulsor que disparó su carrera en el ámbito nacional: “ Ganar ese Distrital me dio la casilla para disputar mi primer nacional que fue en Moniquirá (Boyacá). Tanto en el Distrital como en el Nacional finalicé invicta, sin perder ninguna partida. Recuerdo que mi última partida en ese nacional fue contra Ilse Guggenberger que venía de ser cuatro veces campeona nacional” (y que luego lo sería cuatro veces más ).
Debido a su notable performance en ese último año, Teresa fue convocada a la selección nacional que disputó la olimpiada en Haifa (Israel) en 1976, donde contribuyó con su actuación a que Colombia terminara en el puesto 15, la mejor actuación de la historia hasta ese momento, posición que se repetiría en Lucerna seis años después cuando Teresa ganó la medalla de oro. En total Teresa jugó en tres Olimpiadas: Haifa-Israel (1976), Malta (1980) y Lucerna - Suiza 1982 con un resultado resumido de 9 partidas ganadas, 12 empatadas y 6 perdidas, para un total de 15 puntos de 27 (56% de rendimiento).